ORILLA FRÍA

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Dicen que viajar es un estado de ánimo, y que un viaje comienza cuando se empieza a preparar, pues en ese caso este viaje comenzó en Septiembre de 2011 y queda todavía la mejor parte.

Fue en una librería de la calle Storgata de Tromsø durante uno de los viajes fotográficos para contemplar la Aurora Boreal, cuando cayó en mis manos un pequeño libro que desde el primer momento me llamó la atención. Tenía, y tiene, en la portada una preciosa fotografía de un enorme oso polar al borde de un glaciar, y como título en unas limpias letras blancas, SVALBARD.

Lo que Ole Jørgen Liodden relata en su interior y las espectaculares fotografías que él mismo tomó durante sus numerosos viajes al archipiélago terminaron por cautivarme y al poco tiempo comenzó este apasionante viaje.

A muchos les sonará el nombre de Svalbard porque recientemente apareció en todos los medios de comunicación puesto que era uno de los dos únicos  lugares del planeta desde donde contemplar el eclipse solar del 20 de Marzo de 2015. Pero si esto convirtió por unos días a Svalbard en el centro de la actualidad y atrajo la atención de muchas personas, a mi llevaba años cautivándome por cada dato que conocía sobre el archipiélago.

Seguro que hay características que para muchos son intrascendentes pero os aseguro que todas y cada una de ellas son atractivas para otras personas.

Svalbard es un archipiélago situado al norte de Noruega, país al que pertenece, en el océano Glacial Ártico, y sus coordenadas son el primer dato que destaca. Entre 74º y 81 º Norte. Eso es a escasos 1.200 km de distancia al polo norte geográfico. No creo que yo vaya a estar nunca más cerca del Polo Norte, y eso me atrae tanto como a la aguja de mi vieja brújula.

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Descubierta por los vikingos o los rusos, ha sido siempre un enclave privilegiado, si se puede calificar así a una zona tan inhóspita. Base ballenera para muchos países, punto de partida de numerosas expediciones árticas, y  centro de investigaciones científicas.

Svalbard alberga el “Banco Internacional de Semillas” o  “Arca de Noé vegetal”. En una gran bóveda bajo tierra preserva millones de semillas de los principales cultivos, protegidos ante una posible catástrofe medioambiental.

Curiosamente esto se encuentra en un archipiélago donde no existe ningún tipo de árbol, y la vegetación es bastante escasa, lo que por otro lado favorece poder observar los rasgos morfológicos de montañas y los estratos bien definidos, lo que le ha ganado el calificativo de “El paraíso del geólogo”. La calidad y variedad de los fósiles que allí se encuentran son un libro abierto que nos relata una parte importante de su propia historia.

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Quizá uno de los datos que mejor nos puede hacer comprender la particularidad del archipiélago es la población. En una superficie de más de 60.000 km2 repartidos en infinidad de islas, sólo tres están habitadas y no suman más de 2.000 habitantes, lo que representa una densidad de sólo 0.04 habitantes por Km2.

Es prácticamente imposible encontrarse con alguien si se abandonan los asentamientos. Con alguien de tu especie, porque de las cuatro especies de mamíferos que habitan, los humanos son minoría. La población de osos polares es bastante mayor en número y en dominio. Abandonar las poblaciones está totalmente prohibido y desaconsejado a menos que portes un rifle para defenderte de los osos que a buen seguro se cruzarán en tu camino. Las otras tres especies conviven de forma más cordial, el zorro ártico, el reno de Svalbard y una especie  de  ratón introducido accidentalmente.

Pero si hablamos de poblaciones numerosas tenemos que mirar al mar y al cielo. Ballenas, delfines, focas y morsas rodean el archipiélago que sirve de santuario para todas ellas.

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Fotografía de Paul Nicklen - www.paulnicklen.com

Aunque todavía hay mas. La palma se la llevan las aves con más de 30 especies, es la zona del planeta con mayor concentración de aves marinas, llegando en verano a más de 20 millones de individuos.

Cifras que contrastan con la ausencia total de insectos que ha obligado a las plantas a la autopolinización y a generar semillas sin fertilización o esquejes.

Y en la parte científica creo que basta con saber que en Svalbard se encuentra instalado el radar EISCAT, unos de los más avanzados sistemas para el estudio las interacciones entre el Sol y la Tierra. Un  lugar excepcional para el estudio de la formación de Auroras Boreales.

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Por todo esto que he relatado e infinidad de detalles mas, es por lo que llevo preparando este viaje desde 2011, y quiero compartirlo porque cada vez estoy más convencido de que este tipo de experiencias de viajes son para vivirlas en compañía. Como veréis no he dado detalles del viaje, que esta minuciosamente estudiado y preparado, tan solo unas pinceladas para situarnos.

Viajaremos desde España hasta el norte de Noruega y haremos  campo base en nuestra querida isla de Sommarøy donde nos aclimataremos y tomaremos contacto con el inicio del ártico. Tras tres días daremos el salto definitivo a Svalbard volando hasta Longyearbyen. Allí los movimientos serán en función de la climatología y los guías contratados nos llevarán a cualquiera de los lugares seleccionados. Antes de volver a casa pasaremos un último día en la ciudad de Tromsø para tomar de nuevo contacto con la civilización.

Si a estas alturas alguien todavía se pregunta qué va a fotografiar, solo puedo añadir que no he comentado que en Svalbard hay más de 2.100 glaciares.

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Hemos contemplado el cielo en medio del desierto, hemos estado al borde de un volcán en erupción, hemos llorado fotografiando la Aurora Boreal y sentiremos el viento del Polo Norte en las frías orillas de Svalbard.

Imágenes: www.visitsvalbard.com – www.paulnicklen.com – www.nationalgeographic.com


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