Cómo predecir una Aurora Boreal.

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Esta es sin ninguna duda es la cuestión que más veces nos han planteado los clientes y amigos que nos acompañan al viaje Aurora Borealis, y también la que más no planteamos nosotros, desde que comenzamos ya hace algunos años, cuando tenemos que sentarnos para programar las fechas de los viajes con meses de antelación. Si alguien está esperando en estas líneas encontrar una respuesta sencilla esta es No. No se pueden predecir la Auroras Boreales, al menos con antelación y exactitud que a todos nos gustaría.

Pero no por ello vamos de dejar de intentar aproximarnos tanto como podamos a los entresijos que constituyen  todo este complejo y desconocido mecanismo que descandena en la formación de las Auroras Boreales.

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Para comenzar diremos que una Aurora Boreal es el resultado final de una serie de fenómenos que tienen su origen en sol. Esto explica en parte que la aparición de las Auroras este tan condicionada y sea tan poco previsible. En la superficie solar, a 149.600.000 Km de distancia de nosotros, se forman puntos solares, “sunspots” que la NASA va identificando con dos letras y un número ARXXXX. Realmente no son puntos como tales, sino manchas, que para que nos hagamos una idea, a veces superan en tamaño a la tierra.

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Estas manchas solares se sabe que son perturbaciones en la corteza del sol que están producidas por gases del interior que pugnan por salir a la superficie y que emergen por la interacción de intensos campos magnéticos que desencadenan las conocidas llamaradas o erupciones  solares. Estas violentas erupciones, liberan una energía equivalente a decenas de millones de bombas de hidrógeno que lanzan electrones, protones e iones a velocidades cercanas a la de la luz. Las  erupciones se clasifican en 4 grupos de menor a mayor intensidad, (B,C,M,X), que a  su vez de dividen del 1 al 9 en intensidad, siendo el 9 la máxima.

Estas erupciones provocan unas eyecciones de de corona solar hacia el espacio conocidas por sus siglas en inglés CME (Coronal Mass Ejection).

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Cuando la explosión se produce en una mancha solar que se encuentra en la cara del sol que en ese momento mira hacia la tierra, lo que se denomina cara geoefectiva, ese viento solar viaja directamente en dirección a nuestro planeta. Estas CME son monitorizadas y medidas por la ACE, una estación espacial entre la tierra y el sol, que permite informarnos de las probabilidades que este viento solar llegue a la tierra, y con qué velocidad y densidad de protones. Y precisamente esta es la información más valiosa para predicción de las Auroras Boreales, puesto que la irrupción de los protones y neutrones en nuestra atmósfera son los causantes de las tormentas geomagnéticas que terminan formando las Auroras Boreales.

Aunque de forma muy simplificada, podemos ver la cantidad de fenómenos que intervienen en la formación de Auroras Boreales, y por si fuera poco, en la gran mayoría de ellos se desconoce los motivos que los desencadenan y por consiguiente poco se puede avanzar en su predicción.

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Un claro ejemplo ha sido la reciente actividad que ha tenido en el sol la mancha solar AR2192, que desde su incipiente aparición por el limbo solar ya mostró su enorme potencial. A lo largo de su de estancia en la rotación solar, ha confirmado las predicciones produciendo 6 llamaradas X, 26 llamaradas M, e incontables de categorías inferiores.

Esta actividad ha situado al AR2192 como el más potente y activo de los últimos 25 años, pero incomprensiblemente, lo que debiera haber producido las mayores tormentas geomagnéticas, la mayores y numerosas Auroras Boreales y las menos agradables interferencias electromagnéticas en nuestros satélites, estaciones, y naves espaciales y se ha quedado en poco mas que una de las cientos de tormentas que a diario afectan a la tierra. Y todo esto porque la CME que acompaña a las explosiones solares, inexplicablemente no se ha producido.

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La AR2192 se ha ocultado por el lado este del sol y ahora nos queda la duda de si dentro de unos 15 días, cuando haga su aparición de nuevo por el lado oeste, vendrá con mayor o menor intensidad, si su actividad volverá a ser como hace unas semanas y si esta llegará a convertirse en tormentas geomagnéticas.

A buen seguro la comunidad científica estará expectante al igual que los fotógrafos de las zonas árticas, aunque por motivos bien distintos.


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